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Relato de nieta recuperada

En una nueva audiencia del día lunes 25 de Junio declararon algunos testigos, entre ellos, Petrakos Clara María Elsa, Ferián Juan Carlos, Ferián Pedro Roberto, una mujer que recuperó su identidad, Gatica Caracoche María Eugenia, y su madre Caracoche Ana María, quienes forman parte del único caso de restitución a ambos padres vivos.

La audiencia de hoy comenzó poco después de las 13.30, con el testimonio de la primera testigo María Eugenia Gatica quien luego de la protocolar presentación del presidente del jurado Carlos Rozanski inició su declaración. Ella nació el seis de febrero de 1976, tenía un año y cuatro meses de vida cuando fue secuestrada junto a Sabino Abdala y posteriormente llevada a la comisaría quinta de La Plata “mi madre me había dejado con la madre de Sabino y estábamos con ese matrimonio y Sabino y no recuerdo a qué hora nos secuestraron a todos”, argumentó Eugenia y recordó que estuvo mucho tiempo “desaparecida”, es decir, con otra identidad. Luego serían secuestrados su madre y su hermano.

A sus ocho años mientras estaba en la escuela, la sacaron y la llevaron a un lugar para sacarle sangre, y fue allí  después de ese episodio que comenzaron a esconderla, no fue más a la escuela, casi siempre en casas diferentes moviéndose de aquí para allá. Ese examen de sangre justamente era (luego lo supo) para ver si efectivamente era la hija de la familia Gatica, “el resultado fue que yo tenía la sangre de mi mama de mi papa y de mis hermanos”, dijo la testigo. En el momento de hacerse los análisis ella vivía con su padre y su madre apropiadores que la habían anotado como propia, con otro nombre (Isabel Silvana Silva) y otra fecha de nacimiento, quien se hacía pasar por su padre era policía, Rodolfo Silva y su esposa era Amanda Elisabeth Colard.

Hubo algunos episodios durante su vida de niña que le hicieron pensar que era hija de Gatica y Caracoche, entre ellos una situación que relató durante el transcurso de su testimonio “no recuerdo precisamente cuanto tiempo pasó,  pero recuerdo que estábamos en algún lugar mirando la televisión y veo mi foto y escucho que decía que mi mama y mi papa me buscaban…las abuelas, una cosa así”, aclaró Gatica. Luego de ese suceso sus padres no le explicaron qué sucedía pero sin embargo ella comenzó a cuestionarse que no era hija de ellos. Fue en ese momento que comenzó a estar más “escondida”.

De acuerdo a su memoria difusa, la testigo dejó en claro que aquellos días estuvo moviéndose de aquí para allá, hasta que un día luego de un largo recorrido la llevan a una casa y la entregan a un juez. Fue en 1985, que se reencontró con su familia, luego de aproximadamente ocho años.

 

En segundo lugar estuvo sentada en el asiento de los testigos Ana María Caracoche, madre de María Eugenia, quien fue desaparecida un mes después del secuestro de su hija, en el año 1977 entre abril y mayo. Ella aclaró la situación en la cual fue secuestrada su hija en La Plata, en las calles 67 y 167 el 16 de marzo junto con la familia Abdala, Sabino Abdala tenía en ese momento dos años y ocho meses. Además aclaró “yo fui secuestrada y en ese momento ocurre la desaparición de mi otro hijo de cuatro meses de edad, Felipe, en Berisso”.

Durante su cautiverio Ana estuvo secuestrada en “la cacha” (centro clandestino contiguo al penal de Olmos y que funcionaba como centro de maternidad clandestino) y en el pozo de Banfield. Durante su estadía en este último lugar, conoció a una persona que había estado en la comisaría quinta de La Plata y que allí había escuchado la llegada de dos chicos que lloraban.

Cuando estaba detenida y preguntaba por sus hijos le decían que habían sido llevados con sus abuelos a mercedes (buenos aires), “cuando yo salí comencé a preguntar si era verdad eso y nunca habían estado” aclaró Caracoche. Junto con las abuelas de los nietos desaparecidos empezaron a buscarlos, en las casas cunas de La Plata, en todos los lugares que podían.

En 1980 se ella y su esposo se fueron a vivir a Brasil, lugar desde el cual comenzó a relacionarse con Abuelas de Plaza de Mayo, por intermedio de un pastor brasilero. Gracias a esto fue que pudo lograr luego de muchos años de lucha poder reencontrarse con su hija María Eugenia Gatica “Nosotros siempre relacionados con abuelas de plaza de mayo veíamos las denuncias de todos los posibles hijos desaparecidos de capital, llegaban fotos y en noviembre o diciembre llego la foto que tenía una nena con las características de María Eugenia”, aclaró la testigo.

En el fin de su testimonio fue que se dio la situación más emocionante de la audiencia, y que incluso llegó paradójicamente a emocionar a una abogada defensora puesto que Caracoche dejó en claro lo difícil de ser víctima de tal situación, “Nosotros nos tuvimos que ir para salvarnos la vida, hicimos mucho esfuerzo para construir una nueva vida, es un sentimiento que ni se puede decir, no hay palabras para ese crimen psicológico”, dijo emocionada Ana María.

 

Posteriormente declaró Petrakos Clara María Elsa, quién aportó datos sobre el caso Nadal y habló de su hermana desaparecida. Antes de aclarar cómo conoció a Pedro Nadal, indicó la situación de su madre y su hermana, ambas desaparecidas. ““Mi mamá, María Eloísa Castellini, se encuentra desaparecida y se sabe que alrededor del 10 de abril de 1977 dio a luz a una niña, mi hermana, en un mugroso pasillo del Pozo de Banfield. Hay numerosos testimonios que dan cuenta de esto, entre ellos, los de Adriana Calvo, Ana Maria Caracoche y Gustavo Caraballo”, argumentó Petrakos.

Clara reveló durante su declaración que en la búsqueda de su hermana encontraron tres partidas de nacimiento de tres niñas que creían podían ser su hermana, y estaban firmadas por el médico Bergés, quien se encuentra imputado en la causa “Por la conocida relación del policía médico con los partos en pozo de Banfield y otros centros clandestinos de detención, es que en 1986 mi tía inicia una causa judicial con tres partidas firmadas por él, porque se pensaba que una de ellas podía ser mi hermana”, dijo Clara.

Esto no dio resultado para la familia pero ayudó a esclarecer un caso de una niña apropiada, María de las Mercedes, quien había sido adoptada desde una clínica de Bergés, que comprobó que era hija de los desaparecidos uruguayos Aída Sanz y Eduardo Gallo. Esta situación también dio cuenta de que “Bergés tenía un registro de las fechas reales de nacimiento”, puesto que Mercedes nació el 27 de diciembre de 1977, “tal cual figuraba en la partida que firmó Bergés, aunque había sido realizada en marzo de 1978”, dijo Petrakos.

A raíz de su investigación es que se topa con el caso de Nadal, a quien ayuda a recuperar su identidad. La testigo fue contundente entorno a este tema cuando dijo que “la partida de Pedro es el tercer caso que se conoce hasta ahora de un hijo de madre desaparecida con partida firmada por Bergés los otros dos casos son el de Mercedes Gallo Sanz que comenté y el de Carlos Delia que recuperó su identidad en el 95”.

Por último la testigo dejó una reflexión a toda la audiencia “Yo espero que la justicia finalmente empiece a actuar como tiene que actuar, a juzgar como tienen que juzgar y a investigar como tienen que investigar, y que juzguen a todos los que tengan que juzgar y si le corresponde una condena en una prisión común que sea allí y no en las prisiones domiciliarias que para nosotros, las víctimas, son una burla”.

Caso Nadal

En última instancia declararon los hermanos del apropiador de Pedro Nadal García, Juan Carlos  y Pedro Ferián. Ambos declararon que tenían poca relación con su hermano policía Luis Alberto Ferián, quien fuera apropiador de Pedro Nadal, nieto cuya identidad fue restituida en 2004.Antes de comenzar su declaración los dos dejaron en claro que conocían a un imputado en la causa Jesús Bernabé Corrales, Pedro dijo que sólo lo había visto en su casa de chico porque era amigo de su hermano, y Juan Carlos declaró ser amigo de Corrales y conocerlo hace 40 años.

Pedro Ferián dijo que no sabía de los operativos que hacía su hermano en la Brigada de Quilmes y también aclaró que no recordar que su hermano haya criado a Luis Alberto Ferián (Pedro Nadal García).  Por otro lado Juan Carlos reconoció que habían criado a un hijo “luchi” haciendo referencia a Pedro Nadal, y que según su hermano era hijo de su cuñada Yolanda. Más tarde en su testimonio se pudo escuchar que según Daniel Juarez, policía amigo de su hermano, “Lo trajeron de la plata, un coronel le dijo que lo lleve a una iglesia y lo llevaron a la casa de mi hermano y lo anotaron como hijo propio”.

Juan Carlos, como su hermano, trabajó en la policía bonaerense, más específicamente en la Brigada de Quilmes hasta aproximadamente el año ’72 y en su declaración dijo que en ese lugar existían patotas, pero negó la existencia de las brigadas fantasmas. Estas patotas funcionaban como grupos de cinco policías que se dedicaban a tareas especiales, es así que existía la patota de prostitución, la de juego y la de robos y hurtos.

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Notas de medios sobre la audiencia del martes

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-196785-2012-06-20.html

http://www.chacodiapordia.com/noticia.php?n=65968

http://www.amprovincia.com.ar/noticias/8877-declaro-el-nieto-recuperado-pedro-luis-nadal-garcia/

Más testigos vinculados a la familia Graiver

Este lunes continuó la audiencia en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata que  juzga a 24 imputados por crímenes cometidos contra 281 víctimas durante la última dictadura militar

En el sillón de los testigos esta vez estuvo Julio Daich, quien aseguró haber sido detenido en marzo de 1977 y secuestrado durante aproximadamente nueve meses,  en los cuales pasó por algunos de los centros clandestinos de la provincia, entre ellos, Puesto Vasco, comisaría novena de La Plata, la comisaría 1 de Banfield, en la Unidad Penitenciaria de Magdalena, entre otros. El ex empleado de de la agencia de cambio Marra SA ligó su secuestro a la relación comercial que su negocio tenía con la familia Graiver.

Diach explicó que fue secuestrado al día siguiente del allanamiento que se hizo en el negocio en el cual trabajaba, ubicado en 7 entre 46 y 47. Fue detenido en su casa y obligado a ubicar a quien entonces era el dueño de la agencia de cambio, Dante Marra, “me preguntaron si yo sabía donde vivía Dante Marra, los lleve y lo detuvieron a él también”, argumentó Julio. Además agregó que también fueron detenidos en ese momento 4 empleados más. Los seis fueron trasladados hasta la comisaría novena de La Plata.

También declaró haber sido llevado al Puesto Vasco  en dos ocasiones, donde recordó que fue interrogado dos veces entorno a Juan Graiver: “me llevaron a Puesto Vasco en dos oportunidades para interrogatorio. Me llevaron con los ojos vendados, me preguntaban quienes eran los mejores clientes del negocio”, dijo el testigo con relación al tema y agregó: “Yo formé parte del caso Graiver”.

Asimismo durante su declaración dijo haber sido interrogado por Oscar Gallino en el Pozo de Banfield, lugar en el cual aseguro haber pasado momentos difíciles “estuve 5 días sin comida”, recordó Daich. Fue en este mismo lugar donde tuvo la oportunidad de encontrarse con Lidia Papaleo, ex esposa de David Graiver:“En Banfield, en un momento que salí de la celda para ir al baño, me encontré con Lidia Papaleo y le comenté que hacía cinco días que no comía y me dio un pedazo de chocolate. Yo estaba con un custodio y apenas pude darle las gracias”, apuntó el testigo.

Durante su cautiverio Julio recordó haber compartido espacio con Isidoro Graiver, Gustavo Caraballo, Jorge Rodríguez, y Jacobo Timerman, entre otros. Daich fue liberado en diciembre del ’77 luego de que un consejo de guerra lo absolvió.

Amalia Marrón, la segunda persona en subirse al estrado para declarar comenzó su discurso dando cuenta de su detención. Ella fue detenida el 25 de marzo de 1978, en la localidad de San Justo, cuando fue interceptada cuando caminaba por las calles, luego de asistir a una misa en la iglesia del lugar que recordaba a una compañera desaparecida.

Marrón recordó entre otras cosas que fue trasladada a la Brigada de San Justo, lugar dentro del cual sufrió fuertes sesiones de torturas, y humillaciones por parte de militares y civiles, a causa de las primeras tuvo una pérdida de conocimiento, y recordó que luego de ese acontecimiento se levantó en otro lugar mientas era asistida por dos médicos, uno era un doctor represor (Jorge Vidal), el otro un detenido como ella, Raúl Petruch. “Estaba muy comprometida de salud, una noche me llevaban a la rastra y me desmayé, así que no me pudieron volver a torturar”, expresó la testigo.

Luego de permanecer en la Brigada de San Justo pasó  por otro centro clandestino, la cárcel de Devoto donde estuvo hasta mediados de 1981 hasta que fue liberada.

Jorge Petruch, fue quien siguió a Amalia en las declaraciones. Él aclaró durante la audiencia que fue detenido el mismo día que Marrón desde la vía pública, desde donde fue trasladado a la Brigada de San Justo, allí estuvo aproximadamente dos meses, hasta junio. Aquí recordó haber asistido a Marrón junto con Vidal, un médico que según él se manejaba con mucha libertad dentro del centro clandestino

Luego fue llevado hasta la comisaría de Laferrere, en La Matanza y posteriormente pasado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y trasladado a Devoto. Además Petruch dijo que pasó por otros lugares como preso político: la Unidad novena de La Plata y Rawson, desde donde sería liberado en el ‘81.

En última instancia atestiguó Jorge Eduardo Heuman, detenido el día 29 de marzo de 1978: “fui secuestrado con violencia, me introdujeron en un auto, me pegaron y me llevaron a un lugar de detención, donde me torturaron y donde estuve hasta el 1 de junio de ese año”, aclaró el testigo en relación a su detención en San Justo.

Después de permanecer allí, padeciendo varias formas de torturas fue trasladado a la comisaría de Laferrere, donde fue puesto al servicio del PEN. Su detención según recordó estuvo relacionada a su profesión y su puesta en práctica, pues Heuman es médico y en aquel momento había comenzado a concurrir al complejo habitacional de Ciudad Evita para trabajar conjuntamente con el barrio: “concurría al barrio y  organizamos una maravillosa red de agentes de salud en el año 78…hacíamos atención primaria en un barrio de viviendas ocupadas donde no había cloacas, ni puertas”, aclaró Jorge.Por último Heuman destacó delante de los jueces del tribunal la brutal represión que sufrieron los ‘barrios’ en aquel entonces

Relatan vejaciones en COT 1 Martínez de San Isidro y señalan a los torturadores

En una nueva audiencia por el juicio al Circuito Camps, tres víctimas relataron sus cautiverios en Puesto Vasco y en el Comando de Operaciones Tácticas N°1 de Martínez; contaron la preocupación de la policía por el Caso Graiver, y reconocieron a dos acusados que formaron parte de los secuestros y la tortura: Cozzani y Tarela (foto).

Primero declaró la esposa de Carlos Miralles, Luisa Villar Riat de Miralles, el hombre que relató ayer cuando Norberto Cozzani y su patota irrumpieron en su casa, buscando en realidad al ex ministro de Economía del Gobierno de Calabró, su padre Ramón Miralles, y tras la ausencia del ex funcionario, se llevaron a los hermanos Miralles y a Luisa Villar Riat. Tras el traslado en auto llegaron al COTI Martínez. Relató Luisa nuevamente la carta abierta que Miralles le realizó a Saint james, como causa de la persecución.

“El 31 de mayo eran días muy fríos y sin abrigos, sin alimentos y sin situación sanitaria posible aumentaban la situación de desesperación.”, dijo la mujer sobre la fecha en que los secuestraron; y relató: “comencé con muchas perdidas y fui auxiliada….  estaba el medico Bergés”; su esposo contó ayer que la mujer perdió el embarazo. “A mi me interrogaban por si  había una relación entre Miralles y Graiver.” dijo y añadió que le hacían preguntas incoherentes.

Finalmente, los primeros días de Julio los llevaron en auto “por rutas provinciales, según parece cada uno tenia un sector, un circuito con sus detenidos con sus desaparecidos. Nos trajeron a la plata, íbamos tirados, pero después nos fueron dejando incorporar. Nos dejaron a una cuadra de donde nos habían secuestrado, también iba Cozzani”, resumió sobre su liberación.

La madre de los hermanos Miralles, esposa del ex funcionario provincial, se entrevistó con Monseñor Plaza, quien les dijo que no los iban a torturar. Al cura Von Wernich también la mujer lo escucho en Coti Martínez. Luisa Villar Riat también vio abuso de mujeres, y “lo vi a mi suegro Ramón Miralles ya sobre el final de los días”.

El otro hijo de Ramón Miralles también añadió detalles de aquel secuestro del 31 de Mayo, y el cautiverio de él, su hermano y su cuñada en el Cot1 Martínez.

Declaró en segunda instancia Alcides Antonio Chiesa, esposo de Norma Esther Leanza, la mujer que el lunes relató aquel 15 de Octubre de 1977 cuando secuestraron a Antonio y luego, al salir afuera a ver qué pasaba, ella misma fue secuestrada junto al suegro, Santiago Chiesa.

Aquel día se encontraban almorzando junto a su esposa en lo de sus padres; durante el transcurso de la tarde aparece una persona en la puerta de la casa, la cual fue atendida por la madre de Antonio, “Cuando llaman a la puerta sale mi madre y me dice es Manuel (un amigo), él me recibe y dice ´hay un despelote bárbaro´, me agarran entre 10 o 15 personas, me meten en un coche y le dicen a Manuel que se vaya”, dijo el testigo recordando el momento del secuestro.

Desde allí lo llevaron al pozo Quilmes, espacio que reconoció por haber hecho tareas de oficio  en  el lugar “habíamos hecho la carpintería de la Brigada y habíamos hecho unos cerramientos en las puertas de las oficinas. Cuando escuché el portón me di cuenta que era el nuestro porque tenia una pequeña falla y por ese ruido lo reconocí”, afirmó Chiesa.

Allí procedieron a hacer lo que generalmente hacían con las personas que mantenían en cautiverio; lo desnudaron, y le robaron un anillo y un reloj que poseía. Acto seguido comienza la sesión de tortura: “me acuestan en una cama metálica y empiezan a darme picana, después la traen a mi mujer y me torturan delante de ella”, declaró

La víctima también hizo alusión a la degradación terrible que eran sometidos quienes eran detenidos generándoles una pulsión de muerte, “En esa época alguien me dijo que si uno toma agua después de la picana puede tener un ataque cardíaco y yo escuchaba una canilla, fui hasta allá y lo que pensaba era que lo mejor que podía pasar era que me de un ataque”, argumentó el declarante.

Días después lo trasladaron al Puesto Vasco, lugar donde se enteró que su padre también había sido secuestrado puesto que escuchaba su voz. Luego de una semana, al ser llevado a una oficina da cuentas de que su mujer al igual que él se encontraba en el centro clandestino, “me llevan a  una especie de oficina y me encuentro que también estaba mi mujer, estábamos sucios, yo tenia ropa de otro que me quedaba chica, sucia y estaba manchada de sangre. De ahí nos llevan a una celda y nos ponen juntos una noche” atestiguó.
Chiesa confesó haber visto al doctor Bergés en el Pozo Quilmes quien está imputado en la causa, “Yo me infecte las piernas con la picana y se me empezó a hinchar la pierna a tal punto que tuve que romper el pantalón porque me apretaba, ahí vino Bergés, me dio unas pastillas para la infección, tomé una vez y me dio una alergia, unas ronchas, así que no las tome más”.

A lo largo de su declaración evocó su paso por los centros clandestinos en los cuales estuvo recluido: Pozo de Quilmes, que funcionó en la Brigada de Investigaciones de esa localidad, y Puesto Vasco. También su paso por la comisaría de Villa Echenaguzía y los penales de La Plata y Rawson. Finalmente en 1982 fue liberado tras haber permanecido en la Unidad 9 de La Plata.

 

El tercer y último testigo del día, Oscar Norberto Alvite, quien perteneciera a la Federación Empresaria de La Matanza, declaró delante de los jueces Carlos Rozanski, Roberto Falcone y Mario Portela, que fue privado de su libertad el día 28 de julio de 1977, mientras se encontraba  en su negocio en la localidad de San Justo. En ese momento,  fue increpado por 4 personas de civil con ametralladoras, aproximadamente a las 19 horas de aquel día.

Desde allí lo trasladaron a un lugar, que después supo era Puesto Vasco, donde permaneció alrededor de 2 meses, hasta el mes de septiembre. Lo interrogaron luego de mantenerlo aislado algunos días en “el buzoncito” (celda), “me llevaron a una oficina y me interrogaron 3 o 4 personas sobre si lo conocía a David Graiver y yo les dije que sí, que era miembro de la confederación…”, dijo el testigo refiriéndose a la causa de su secuestro. También recordó que le preguntaban por la participación de judíos en la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA).

Durante la declaración, Alvite reconoció haber compartido celda en Puesto Vasco con: Jacobo Timerman (Periodista), Juan Ramón Nazar (al dueño del diario de Trenque Lauquen), Alberto Liberman(ex ministro de obras Públicas), Julio Miralles (el hijo del ex ministro de Economía), Héctor Ballent (ex director de Ceremonial), y Juan Destéfano (ex Secretario de la Gobernación). En este mismo lugar afirmó haber estado con Norberto Cozzani “era el brazo ejecutor de la patota de Etchecolatz”, dijo. Asimismo identificó también al doctor  Jorge Bergés (imputado en la causa al igual que Cozzani) a quien calificó como “un medico con pelito largo, flaco, que lo conocían todos”.

En su testimonio aclaró que su desempeño como “dirigente  empresario” lo llevó a que le permitieran gozar de ciertas libertades: “ellos nos decían ´ustedes no son subversivos, son hombres de Calabró´… por eso gozábamos de cierto régimen de comodidad, jugábamos a la pelota”, comentó ante la audiencia.  Además, recordó que luego de su paso por Puesto Vasco fue a la Jefatura de la Policía, donde tuvo lugar la entrevista con Etchecolatz, que según reconoció el testigo éste le pidió disculpas por haberse equivocado con su detención, “yo le dije, soy una persona pública, me van a preguntar y me dijo diga que me llevaron los militares”, afirmó Alvite.

Finalmente, al ser liberado, llevó una carta a la esposa de Nazar que éste le había dado. A partir de ese episodio todos los liberados del grupo en el cual se encontraban tanto Alvite como Nazar volvieron a ser detenidos, fue entonces cuando tuvo lugar su detención en la Brigada de San Justo por un tiempo, hasta que fue liberado.

Nuevos testimonios sobre secuestrados en Puesto Vasco y en el COT 1 Martínez

En la audiencia del día del lunes 11 de Junio, declararon LEANZA, Norma Esther; MIRALLES, Carlos Enrique y ABUIN, Alfredo Ángel, son tres víctimas del sistemático procedimiento de privación de la libertad llevado a cabo durante el proceso. Se están realizando audiencias correspondientes al microcircuito de Puesto Vasco (localidad de Don Bosco, Quilmes) y Comando de Operaciones Tácticas N°1 de San Isidro. (Foto – Testimonio de Miralles)

La audiencia comenzó alrededor de las 13.30 con la declaración del primer testigo, luego de la presentación formal de Carlos Rozanski, quien aclaró delante de toda la sala que uno de los testigos  que declararía no pudo concurrir por cuestiones de salud.

La sala, esta vez con más acusados presentes en el banquillo, permanecía tranquila cuando Leanza, Norma Esther comenzó su declaración. Ella estuvo privada de la libertad desde el 15 de abril de 1977 hasta el 18 de abril de 1978. Durante ese período estuvo en dos lugares detenida, en el Puesto Vasco primero y luego en Pozo de Quilmes, hasta quedar en libertad.

El día en que fue secuestrada se encontraba en la casa de sus suegros, cuando estaba con su marido Antonio Alcides Chiesa, un sábado por la tarde de Octubre de 1977. En primer lugar se llevan a su marido, luego de que atendiera ante un llamado a la puerta de la casa; y después de ver que su marido no volvía, Leanza y sus suegros salieron a ver qué pasaba. Luego de dar unas vueltas, al regresar a la casa se encontraron con un grupo de personas “en la casa había un patota, serian ocho o diez personas con armas largas revisando y dando vuelta toda la casa” dijo la testigo. A partir de allí comenzaron a interrogar tanto a ella como a sus suegros, hasta que la llevaron detenida junto con Alcides Santiago Chiesa, su suegro, en su propio auto.  El primer lugar donde los llevaron fue a Puesto Vasco y antes de dejarla en un calabozo sola, le quitaron todo lo que llevaba consigo, la cartera, los anillos. A su suegro lo dejaron allí hasta que lo trasladaron a COTI Martínez, donde lo liberaron  en  diciembre del ’77.

Norma estuvo allí del 15 de octubre del ‘77 hasta el 7 u 8 de noviembre del mismo año, todo el tiempo esposada y con una venda, hasta que la trasladaron al Pozo de Banfield. Fue antes de ser trasladada a este último lugar que pudo ver a su marido en Puesto Vasco “el fin de semana anterior lo habían traído a mi marido y lo pusieron conmigo en la celda”, recordó Leanza. Él venía de Pozo Quilmes y le comentó cómo era más o menos el espacio, en las condiciones que estaba, para saber dónde estaba si le tocaba estar allí. Durante su detención le hicieron interrogatorios que aludían a la juventud universitaria, lo que la hacía pensar que no era ella a quien buscaban porque no iba a la universidad, “se confundieron de persona”, dijo;  además de ser interrogada fue torturada psicológica y físicamente, a pesar de no pasar por sesiones de torturas tradicionales.

En el pozo de Quilmes, estuvo con más personas detenidas, algunos de ellos eran: María Isabel Reinoso, Norma Núñez, Carlos Rodríguez, Rodolfo Torres. También había un grupo de gente uruguaya. En este lugar estuvo hasta la noche del 18 de Abril del ’78, “me llevaron a una oficina, vendada por lo que no pude saber quién me hablo, me habló bien, me dijo que era joven, que tenía futuro, que iba salir, hasta me dio un billete para que me tomara el colectivo” comentó  Norma. La sacaron en un auto, tapada con una manta y la dejaron cerca de su casa, desde allí caminó a lo de sus suegros.

“Tarella era el principal torturador”

Miralles, Carlos Enrique, detenido y privado de su libertad el 31 de mayo de 1977 junto con su hermano (Julio Cesar Miralles) y su esposa (Luisa Villar Riat) desde la casa de su padre que se ubicaba en la calle 1 entre 55 y 56. Refirió que el hombre que se presentó en el lugar preguntando por el padre era Norberto Cozzani, quien decidió luego secuestrar a los tres, a causa de que el padre no se encontraba en el hogar y dejó en claro que Cozzani era quien comandaba la patota que actuaba en función de las órdenes de Etchecolatz.

En primera instancia los llevaron la jefatura de la policía, y luego los trasladaron a COTI Martínez “allí hemos sido torturados mi hermano, mi mujer y yo, y a veces llevaban a personas a torturar ahí” dijo Miralles. En ese momento Carlos también dio cuenta de lo arbitrario que a veces eran los secuestros y posteriores desapariciones cuando comentó: “hubo casos risueños, como cuando llevaron a personas que eran ‘capitalistas del juego’ porque decían que la mujer que Etchecolatz se había ido con un ‘capitalista del juego’ y este los mandó a detener a todos”, dijo Miralles ante la sorpresa de Etchecolatz sentado a metros  detrás de él.

Al deslizarse los minutos de la declaración dio algunos nombres de sus verdugos, Etchecolatz, Rossi, Cozzani, Von Wernich “Uno de los principales torturadores fue Tarela”, dijo el testigo haciendo alusión al ex suboficial de la policía bonaerense Eros Amílcar “trimarco” Tarela,  y también dio nombres de personas que se encontraban con él en COTI Martínez, Timerman, Vladimirsky, entre otros.

Miralles dijo que los llevaron (a él, su hermano y a su esposa) como “rehenes” porque al que querían tomar prisionero era a su padre, “mi padre en su momento, ante declaraciones que había hecho el gobierno, sacó una carta abierta y nosotros sabíamos que iban a tratar de levantarlo por declaraciones de Ibérico Saint-Jean”, dijo Carlos en relación a su secuestro. Su padre fue ministro de economía durante el Gobierno de Calabró en la provincia de Buenos Aires, y es por eso que Miralles señaló a Ibérico Saint Jean como el ideólogo del secuestro de su familia, porque fue él quien declaró “Quiero que la familia Miralles desaparezca de la faz de la tierra” y además recordó que Camps y Saint Jean decidieron secuestrar a todos los ministros del gobierno de Calabró porque creían que este “había sido una asociación ilícita organizada para cometer delitos”, argumentó el testigo. También recordó que detuvieron a su madre y a dos de sus tíos y los liberaron luego de aproximadamente 48 horas. Su padre sería posteriormente secuestrado cuando estaba a punto de irse del país, y al enterarse de la detención de sus dos hijos, se puso a disposición.

Momentos después Miralles recordó que en las sesiones en las que su esposa fue torturada había participado el médico Jorge Bergés, imputado en la causa. “Mi esposa sufrió todas las ignominias que podría sufrir. No solo escuchó cómo nos torturaban a nosotros, sino que también la torturaron. Ella perdió un embarazo”, relató. Miralles agregó luego que junto con su esposa fue liberado del COTI Martínez, luego de estar privado de la libertad durante 30 días aproximadamente, pero aclaró que diez días antes los dos fueron liberados de las vendas “por lo cuál pude ver a algunos detenidos y secuestradores”. Su hermano sería liberado tras seis meses de cautiverio, y su padre en septiembre del siguiente año.

Abogado de la familia Graiver también fue secuestrado

Alfredo Ángel Abuin es un hombre de 74 años, reconocido abogado de la ciudad de La Plata, tiene su estudio jurídico desde la década del 60´ en una galería céntrica. Según el hombre, la causa de su secuestro comienza a relatarse desde el año 1953 cuando con 15 años conoció a David Graiver durante el secundario en el Colegio Nacional de la                                                                                          Universidad Nacional de La Plata. Se hicieron amigos allí, comenzaron a estudiar juntos en la Facultad de Ciencias Jurídicas pero Graiver abandonó y Abuin se recibió en 1964. La amistad familiar persistió y fue así que el padre de su amigo, Juan Graiver, lo contrató para trabajar en la inmobiliaria que la familia tenía en 5 y 63. “En 1969 compran el Banco Comercial de La Platay yo quedo como apoderado jurídico del Banco, para luego pasar a ser Director”, iba contando Abuin con su voz ronca; agregó que fue accediendo a mayores asesoramientos, entre ellos, con las acciones de Papel Prensa. Luego dijo que a partir de la muerte de David Graiver tras la caída del avión en México, en Agosto del 76, “yo tampoco sé si fue un accidente o fue provocado”, la familia vendió el Banco Comercial.

El 11 de Agosto de 1977, un año después de la muerte de David, Alfredo fue secuestrado cuando llegaba desde su estudio a su casa en 7 y 36. Primero estuvo dos días en un lugar que no reconoce, y luego seis días más en lo que luego reconoció como Puesto Vasco. “Presté declaración en una oficina, y me preguntaban temas vinculados a la empresa de Graiver”, relató y agregó que hasta ese momento no tenía ninguna afiliación política. Además aclaró que en los ocho días de cautiverio “nunca me tocaron, pero si recibí tortura psicológica, por la situación, los improperios y las amenazas”.

“Vi varias personas como Liberman, Miralles y su hijo” contó explicando que todos estos habían sido ministros del gobierno provincial de Calabró, Obras públicas y Economía, respectivamente. Finalmente el 19 d Agosto fue llevado por Capital Federal, le devolvieron todas sus pertenencias y lo dejaron en Parque Patricios.

Cozzani admitió el uso de tortura con picana como método para conseguir información

Norberto “El Negro” Cozzani, ex cabo dela Policía Bonaerense y uno de los acusados en este juicio pidió ayer ampliar su declaratoria y habló frente al Tribunal por más de dos horas. Admitió haber formado parte de los secuestros, de las sesiones de tortura y de la investigación sobre la venta de Papel Prensa y justificó la utilización de picana eléctrica para conseguir información.

 

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A partir del comienzo de la segunda etapa del juicio, donde se tratan los secuestros y vejámenes en los centros de detención Puesto Vasco y COT 1 Martínez, Lidia Papaleo, la  viuda de David Graiver y el hermano del empresario fallecido, Isidoro Graiver, relataron las amenazas y presiones para que vendan las acciones de Papel Prensa que les había quedado. Además ambos relataron que reconocieron a uno de sus torturadores: Norberto Cozzani. El abogado defensor del ex cabo dela Policíaal instante pidió al Tribunal un espacio para que su defendido amplíe la declaratoria. Y así fue que ayer martes, luego de dos testimonios que cerrarían la semana, Cozzani se sentó en la silla frente a los jueces del Tribunal y habló.

“Yo presencié el paso de corriente eléctrica” fue una de sus declaraciones más fuertes, y en ese sentido, de las primeras veces que un represor admitió en un juicio de lesa humanidad, por lo que algunos periodistas hablaron de que “rompió el pacto de silencio”.

“En Puesto Vasco yo llevaba los detenidos, estuve presente en tres o cuatro interrogatorios, incluso en los que vi el paso de corriente eléctrica, pero estoy lejos de ser el torturador o el interrogador”, dijo, Y contó que en el caso Graiver, él mismo y el Comisario mayor lberto Rousse eran los encargado de las investigaciones del caso sobre las venta de la acciones: “no queríamos que nadie tomara cartas en el asunto”. Agregó que el comienzo fue “ni bien fue detenido el señor Juan Graiver (padre de David e Isidoro) y ni bien fue detenida la señora Lidia Papaleo de Graiver”. Admitió que durante los interrogatorios les preguntaban “cómo era la conformación del grupo, cuántas personas eran y dónde estaban”.

Respecto a Lidia Papaleo, Cozzani admitió que a la psicóloga le aplicaron picana eléctrica “en todo el cuerpo”, también reconoció aplicarles este método de tortura a Juan e Isidoro Graiver y a las secretarias Silvia Fanjul y Lidia Angarola. Ahimismo fue que realizó una de las declaraciones más importantes: intentó explicar que las torturas no las aplicaban “por sadismo, sino por necesidad”. “En lo que yo vi no hubo sadismo ni ninguna de las barbaridades que dijo la señora Papaleo”.

Según Cozzani, estas vejaciones eran “necesarias” para obtener información en los primeros instantes del secuestro. “Después de la tortura todo fue más fácil porque comenzaron a contradecirse”, explicó cínicamente.

El ex policía dijo sobre el COT 1: “El Coti era el Centro de operaciones Básicas e Investigaciones, no tenía número y tenía sus dependencias básicas dentro de la Policía de Buenos Aires, dependía del Director de Investigaciones que era Etchecolatz y de Rospide, que era el Director de Inteligencia de Camps”. Por otra parte dijo que “Tarela trabajaba en Martinez por que trabajaba con Rospide”.

El ex cabo de la Policía Bonaerense admitió ser uno de los custodios de Etchecolatz: ” yo desde el 76 no me moví de al lado de la custodia Etchecolatz, que eramos 27 hombres…sentimos bastante aprecio por Etchecolatz”.

Explicó también su tarea respecto al Caso Papel Prensa: realizaban “cada viernes dos carpetas con las novedades de la investigación destinadas a  Suárez Mason, Gallino y otra parala Secretaríade Presidencia. El informe de Gallino era el más completo”. Según afirman en el portal Diagonales Web, “Informes del Ejército de abril de 1977 dejaron asentado que Gallino mantuvo reuniones con los directivos de entonces deLa Razón,La Nacióny Clarín”.

Cozzani admitió también que despojaron a Lidia Papaleo y a Jacobo Timerman de las acciones del DiarioLa Opinión, luego de una reunión con los dos detenidos y el posterior secuestro de los papeles en un departamento platense.

También justificó la apropiación de Papel Prensa por parte de los militares a la vinculación del empresario David Graiver con la organización Montoneros, así desligó a Clarín,La Nación yLa Razóncomo partícipes de las presiones sometidas contra la familia Graiver; agregó respecto a esto que obtuvo más información sobre el caso por investigaciones del Ejército.

Finalmente, para intentar mostrar las diferencias hacia dentro mismo de los acusados, Cozzani pidió protección del estado como testigo, diciendo que: “después de esto voy a ver que cierren con llave la puerta de mi celda todas las noches”.

“La Comisaría Quinta era un depósito, éramos un paquete”

Dos nuevos testimonios cerraron la semana de audiencias esta semana, Zacarías Moutoukias habló a través de videoconferencia desde París y contó su cautiverio luego de ser secuestrados con dos compañeros de Facultad; luego, José Canziani relató su detención y describió el abandono sufrido en la Comisaría Quinta. 

Moutokias Zacarías es uno de las tres personas que fueron secuestradas aquel 30 de Agosto en un departamento frente a la comisaría novena, en 59 y 5. Zacarías estaba por tocar el timbre a Liliana Zambano, para pedirle los apuntes de una materia de la carrera de Historia, que Liliana había recién aprobado y que se prestaba a preparar la cena de festejo, esa noche, junto a su Gilbert. “Un grupo armado me condujo a un lugar donde estaban ella y Gilbert con una capucha en la cabeza apoyados contra la pared”, describió el hombre desde México una imagen temible.

Fueron los tres trasladados a la Brigada de Investigaciones en y pasaron la primer noche ahí, la mañana siguiente “nos condujeron a un lugar 20 minutos aproximadamente, por asfalto, luego por tierra, luego una tranquera… se escuchaban ruidos de trenes y aviones”. Habían llegado al centro clandestino de Arana. “Entramos en un sitio grande con los ojos vendados y las manos atadas – continuó describiendo – y luego nos condujeron a algo que parecía un pasillo y me pusieron en el último de una serie de calabozos, en los otros estaban Liliana Zambano y Gilbert”.

Los primeros días lo interrogaron “sobre política”. Escuchó luego cómo torturaban dos veces a Zambrano y una vez al otro joven. “La noche que me torturaron… las preguntas eran bastante incoherentes porque yo había dejado de militar hacia un tiempo”, relató.

A los dos días fueron nuevamente llevados a “Robos y Hurtos”, reconocieron esa vuelta porque “Liliana reconoció una taza en la que había bebido agua la primera vez”. Contó también un grupo de “colaboradores”, aquellos militante que habían sido “quebrados psicológicamente”, como describió en su testimonio- — — y contaron varios otras víctimas. También conocieron a la odontóloga Lidia Fernández, que fue desaparecida. Y las visitas del capellán de la Policía, Christian Von Wernich.

“Al cabo de unos días nos llamaron por separado, nos llevaron a una oficina y nos entrevistaron; de pronto un día nos liberaron”, concluyó la cronología. Y finalmente: “Después de mi liberación a través de la embajada conseguí trabajo en Grecia y volví en el 84, yo era militante de lo que ahora es el PO (política obrera)”.

José Alberto Canziani fue secuestrado el 19 de Septiembre del 76. También fue trasladado a BILP “donde fui interrogado de las dos maneras, en forma verbal y en forma de torturas”. Contó que pertenecía a la JUP “pero que nunca había cometido actos de terrorismo ni había estado armado”. De la Brigada fue trasladado a la Unidad Regional y de ahí a Comisaría Quinta, “donde empezó el calvario, éramos un paquete”.

El testimonio de la víctima se centro en el trato en esa Comisaría, que en la actualidad sigue funcionando. “Varios de nosotros sufrimos una gastroenteritis grave, yo perdí como 15 kilos… nos bañaban a manguerasos… no fuimos torturados, solamente un depósito”. Y explicó que: “En Brigada a diferencia de la Quinta es que en brigada se torturaba y en quinta no. Pero en brigada se comía y en quinta no”

“En los interrogatorios nos preguntaban por nuestra militancia gremial. Inclusive en un momento ellos como en el hipódromo trabajaba mucha gente de la CNU esta gente fue a preguntar si Lovazzano y yo andábamos con armas de fuego en nuestro poder”.

Luego fue trasladado a Arana. Allí también se torturaba, según aseveró Caziani, pero explicó que él había sido llevado allí para recuperarse, “así que nos daban comida”. Y dijo que quienes dirigían la tortura era de “los movimientos políticos que habían pasado a colaborar con Von Wernich y el comisario Páez (uno de los acusados que miró en Febrero)”

Finalmente fue trasladado al Pozo de Banfield por dos meses; allí escuchó a militantes uruguayos
tupamaros detenidos en Argentina, “gritaban que los que estábamos de este lado salíamos y los que estaban del lado de ellos no salían”. Fue liberado el 8 de Marzo de 1978. “Me dijeron que tenía que renunciar (al hipódromo) y nunca más volví a trabajar ahí”.

Relatan torturas en el Comando de Operaciones Tácticas N° 1 y el robo de bienes

En una nueva audiencia del juicio, se escucharon los relatos de Jorge Gilbert, secuestrado en La Plata y trasladado por el microcircuito de esta ciudad, también estuvo Isidoro Graiver, quien contó las presiones respecto a las acciones de la empresa familiar, luego de morir su hermano David, y su cautiverio por Puesto Vasco. Por otro lado también dieron sus testimonios Santiago Sobral, Mariano Ballent, Carlos Iacarino,  Alejandro Iacarino y Martín Acuña.

Era 30 de Noviembre del 76 y Santiago Andrés Sobral ya había terminado las clases, “era un día normal, volví a mi casa tarde y no había nadie, lo que me pareció raro”, comenzó. Elsa Cicero, pareja de su padre, estaba siendo retirada del lugar por un grupo de personas, y estaba embarazada de 4 meses. A él lo meten en una habitación donde se encontró con su hermana y la madre de Pacífico Díaz, el socio del estudio de Arquitectura de su padre, Guillermo Sobral. Los adolescentes se quedaron encerrados en la habitación varias horas, mientras la mujer fue a buscar ayuda. Al día siguiente partieron para Chivilcoy “donde estaba la familia de Elsa, que nosotros teníamos relación”.

Guillermo Sobral había sido interventor del Instituto de la Vivienda en el Gobierno de Cámpora. Finalmente fue secuestrado y, según pudo conocer su hijo, estuvo en Comisaría Quinta y en Arana. Nunca más supieron de él ni de Elsa Cicero. “El año pasado, en Junio, nos avisaron que pudieron identificar los restos de mi padre en el cementerio de San Martín”, también identificaron a Pacífico Díaz y a Elsa, en Quilmes. Los tres fueron fusilados.

Mariano Héctor Ballent

Relató que fue secuestrado dos veces. La primera vez el 5 de Mayo del 76 saliendo del despacho del gobernador Saint James, “me llevaron en las narices del gobernador”, se quejó en un momento; lo llevaron a la Comisaría 8°y lo interrogaron durante algunas noches hasta su liberación. Luego en Octubre nuevamente fue detenido, y llevado al Comando de operaciones tácticas N` 1, lugar donde lo torturaron. Era director de ceremonial de la Gobernación, y “me preguntaban cosas que no sabía”.

En la tercera sesión le preguntaron cuáles eran los delitos cometidos por el gobernador Calabró. “Otra noche se me acercó Tárela y me dijo ´yo te dije que si no hablabas te iba a matar así que reza´, y me metió la pistola en la boca, luego me llevaron a un patio y me empezaron a dar trompadas en el estomago”; estuvo en COT1 hasta el 11 de julio, “allí se torturaba”, dijo y agregó que vio a mujeres lastimadas y escuchó llantos de bebés. Dijo que quien estaba a cargo del COT 1 era Rarela (a quien le decían Capitán Trimarco), “y uno que decía ser el chofer de Etchecolatz”; también reconoció a Cozzani quien estaba al momento de los interrogatorios. De ahí fue trasladado al Puesto Vasco, lugar que definió “al lado de COT1, era el café Ritz de París”. Estuvo detenido hasta el 30 de septiembre del 77.

Dos hermanos relataron cómo intentaron quebrarlos a través de la tortura para quedarse con sus bienes


Iacarino Carlos Alberto fue detenido por un grupo de civil, junto a su hermano Rodolfo y su padre el 4 de Septiembre de 76 en Santiago del Estero, “por orden del Primer Cuerpo del Ejército; el mismo día fue detenida su madre y su hermano Alejandro en Capital Federal. Carlos junto al resto quedan secuestrados en esa provincia durante 12 días “sin golpes pero todo el día mirando la pared”. Cuando llega un escrito que corrobora que no tenían antecedentes y que “no merecíamos detención”, llega la Policía Federal y los traslada a una dependencia de esa provincia. Allí los tratan de una manera muy severa, según relató Carlos Alberto, y les decían: “ya van a ver lo que les pasa a ustedes”. Allí, el joven comenzó a tener una lipotimia. Luego los trasladan en un avión hacia Capital Federal y los trasladan al Departamento de policía de Calle Moreno.

“Desde que compramos la planta láctea todo fue un seguimiento, antes estaba todo bien”, relató el hombre comenzando a describir cuál era la causa de la persecución. Un día durante el cautiverio los citan sobre una causa que les habían armado en Santiago del Estero para detenerlo. Allí se encontraron los tres hermanos y los vuelven a llevar a la comisaría 22.

Por su parte, Alejandro Rómulo Iaccarino, dio testimonio después de su hermano. Comenzó el relato diciendo: “como inicio tiene una gran importancia para nosotros afirmar que no guardamos ningún rencor ni odio ni sed de venganza para gente que nos ha hecho mucho daño”, además relató que hace mucho tiempo en que se encuentra “tomando drogas para sobrellevar mi estado de salud”. Aclaró entonces que sí buscan un resarcimiento moral y económico “porque hemos sido despojados de todo”.

Y continuó: “Yo a los 17 años invente un plan económico que nos dio un gran desarrollo empresario que nos hizo avanzar mucho en la faz económica financiera. Después nos lanzamos a comprar un campo que estaba dentro de nuestro esquema de planificación ahí teníamos un lugar donde no existía una cuenca láctea y la armamos nosotros. El día que compramos esa industria láctea el 15 de junio de 1975, a los 10 días pidieron informar a ver quienes éramos como éramos, empezaron a perseguirnos… habíamos tocado un lugar sensible…era la primer sociedad anónima del noroeste argentino”.

Carlos Alberto continuó la cronología del cautiverio: “En Marzo a Rodolfo que seguía con angina de pecho y a mí que tenia lipotimia nos dan detención domiciliaria con la intención que vendamos el avión; nos intentaron comprar un campo pero dijimos que no, pero al tiempo ya estábamos asfixiados y lo vendimos”, relató. Su hermano Alejandro quedó detenido por 40 días más. El 26 de Mayo los buscan nuevamente y los detienen diciéndoles que los llevarían a la Unidad 9 de La Plata. Sin embargo su padre los fue a buscar allí y no estaban. En realidad habían llevado a los tres hermanos a COT 1 Martínez.

“Llegamos al COT 1 Martínez en la cual sentimos que pasamos un puente”, dijo Alejandro en su parte. En un momento de su declaración describió uno de los momentos de la tortura: “empecé a sentir la electricidad y en un momento se detiene y me revientan la boca con un golpe de culata, empiezo a chorrear sangre por el pecho… claro cuando me empezaron a picanear la boca entendí que la corriente se trasladaba a los lugares donde había chorreado sangre”, en esos momentos le preguntaban qué era el plan económico.

Allí un día los sacan para interrogarlos, “para que expliquemos cómo habíamos hecho la plata”, recalcó Carlos. “Rodolfo no conocía eso porque estaba en la parte logística. Alejandro no relaciona las fechas y yo no tengo la locuacidad de Alejandro, éramos un grupo”, contó. Respecto a las condiciones del lugar dijo: “Hemos visto cosas brutales ahí, una vez nos sacaron a bañarnos y había un chico baleado y pasaban y le metían el dedo en el orificio de la bala”, agregó que sufrían muchos tormentos y recibían picana eléctrica. Mientras tanto, su madre presentaba distintos habeas corpus y les iban dando informaciones falsas, “Nicolaides dijo que estábamos en la 22”, en otro escribo les informaron que estaban en la Brigada de Lanús con sede en Avellaneda, “pero nosotros seguíamos en Martínez”. Hasta el 6 de Julio de 1978 que realmente los trasladaron a la de Lanús. El 22 de Agosto los llevan a otro centro dependiente del Servicio Penitenciario Federal en Santiago del Estero. Finalmente los liberaron el 4 de Septiembre, ” no obstante eso luego sigue el proceso por la persecución al gobernador Ochoa hasta el proceso democrático.

Alejandro fue quien más se explayó en una conclusión: trajo a colación la lucha de las abuelas y madres para reconstruir la historia, y después explicó que: “existieron organismos nacionales e internacionales que preparaban los manuales de tortura, primero es causar el terror como metodología de dominación, la segunda es la posibilidad de secuestro de la familia en la que el ser humano, ante el riesgo de perder a seres queridos, tiene cesiones más amplias; y después hay otra de apoderamiento de sus bienes, esto está en los manuales de tortura de la escuela de las Américas”. Agregó que “uno no tenia acciones de carácter ideológico ni militábamos en partidos políticos ni estábamos enfrentados con el gobierno”.

Relató entonces la traumática experiencia de su madre: estuvo detenida 13 días en un “habitáculo”, cuando salió en libertad la vieron en un estado totalmente depresivo y con un aspecto denigrante; fue a su casa y después desaparecen a los hermanos. “Mi madre sufrió un problema bastante serio emocional que la tuvo varios meses, pero cuando llega a La Plata, siempre ser reunían como aniversario de egresados, y ese año le dijeron que no podía participar en la reunión porque había tenido una situación que ellas no entendían”.

Martín Rolando Acuña fue detenido en Florencio Varela el 6 de diciembre de 77. Con sus captores hicieron un recorrido que el reconoció porque trabajaba como colectivero. Lo llevaron al Pozo de Quilmes y allí compartió cautiverio con una persona que se ahogaba, Elba Viviani, que tenia asma. Luego fue llevado a Arana junto con otros 3 choferes, “suponíamos que era un problema gremial…en mi casa destruyeron todo, robaron, justo yo había cobrado, se llevaron el sueldo, las cosas de oro, la alianza…”.

“En Quilmes con la picana y en Arana estaba sentado…nada más que jugaban con el encendedor, me quemaban los dedos”, contó sobre los vejámenes recibidos. Agregó además que fueron llevados a la Comisaria 8, “era en febrero, nos dejaron al rayo del sol y nos mataba el sol…nos tuvieron un rato largo”. Luego los oficializaron en el Poder Ejecutivo; más adelante los llevaron a Devoto y después a la Unidad 9; “nos hicieron consejo de guerra a los 3 y en enero de 79 nos dan la libertad provisional y en marzo nos dan la libertad”.

Jorge Orlando Gilbert relató que en 1977 era estudiante de Historia en la Facultad de Humanidades de la UNLP. El 29 de Agosto, luego de aprobar una materia, fue a festejar cenando en el departamento de su compañera de estudio Liliana Zambrano. “De golpe entró un grupo de personas de civil que nos reducen, aunque no había nada que reducir”, intentó explicar la sorpresa de aquel momento en el departamento de 59 y 5, a metros de la Comisaría Novena, “alguien de la comisaría tendría que haber visto”, dijo, todavía sorprendido e ingenuo. En ese momento otro estudiante inoportuno fue a buscar los apuntes de la materia a ese departamento y también fue detenido, se trataba de Zacarías Moutoukia. Los tres fueron trasladados en el piso de un auto hacia “un lugar cerca de ahí”, la Brigada de Investigaciones.

“Yo estaba tranquilo, conocía que en La Plata había ese tipo de detenciones, me decía a mí mismo que no me estaban buscando a mí… y allí fue que cuando llegamos al lugar dijeron ´este está demasiado tranqui´”. Primero le realizaron un interrogatorio básico en una oficina, “preguntas de rutina”, dijo el hombre, y le dieron algún golpe en la panza al paso. Al día siguiente fueron trasladados hacia “un lugar distante, que se llegaba por calle de tierra”. Era el Pozo de Arana. Allí fue sometido a la vejación de la tortura, “una habitación con un camastro, desnudo, me pasaron corriente eléctrica por todo el cuerpo”, describió. Allí le preguntaban por personas podría haber conocido, “yo milité en los barrios de la Juventud Peronista hasta 1975, después cuando veía la situación de violencia que se vivía dejé, y no tuve más relación con nadie”. Les dijo eso mismo y que sólo conocía a otros militantes por apodos y no por nombres. “Vas a ver la próxima, cómo se te ablanda la memoria”, le dijeron y lo llevaron a otra celda. “Desde allí pude escuchar las expresiones de dolor de mi amiga y del otro estudiante que fueron torturados, y despúes nos contamos todo en la celda”.

Para Gilbert fue muy dificil la tortura psiquica, “siempre estaba esperando cuándo iba a ser la próxima vez (por la sesión de tortura)”. Además contó que no existía ninguna condición de higiene, “me fui degradando día a día… los primeros días dormía sentado por el olor nauseabundo del piso, pero luego me recostaba porque mi olor se confundía con el olor de ahí”, y agregó: “las condiciones de degradación eran tan fuertes como la tortura”, y más tarde sintetizó un poco más la situación: “me sentía morir”.

Tras unos aproximados cuatro días en Arana, finalmente fue trasladado nuevamente a BILP, donde luego de tres semanas de cautiverio en los dos centros clandestinos, fue liberado. En la Brigada, también conocida como “Robos y Hurtos”, escuchó también gritos de tortura. Allí conoció a un Capellán de la policía, (que luego se enteró que era Von Wernich) con el cual conversaron porque ambos eran de Concordia. También en ese lugar compartió cautiverio con Lidia Fernández: “Conocí a esta odontóloga que nos ayudó mucho, hacía varios meses que estaba allí”, relató que de a poco iba perdiendo la noción del espacio, a raíz de estar muchos días sin poder mirar, con los ojos vendados, y que Fernandez le aconsejaba tratar de mirar por abajo, correrse un poco la venda, “nos enseñaba estratégias de supervivencia básicas, y las características de la tortura psicológica”, relató emocionado con esta mujer que está desaparecida.


 Isidoro Graiver declaró ante la justicia que fue interrogado por Camps y afirmó haber sido torturado.

Isidro Graiver fue la segunda persona que se sentó en el sillón de los testigos, en este caso, su declaración comenzó alrededor de las 14.30. Luego de la presentación protocolar de uno de los tres jueces del tribunal, Carlos Rozanski, comenzó a declarar Graiver, quién relató cronológicamente su detención, su paso por el Puesto Vasco y el Pozo de Banfield. En su relato llegó a decir que se reunió con Viola, y que fue interrogado por Camps, estando detenido.

Isidro, que se encontraba fuera del país en el año 1976, según su declaración “porque en el país había mucha inseguridad” se vio obligado a regresar para reincorporarse a la empresa familiar, luego del fallecimiento de su hermano y las presiones que recibía la familia por las acciones que les habían quedado. Al retornar, luego de unos meses fue detenido, el 17 de Marzo de 1977 “pasó un grupo de gente que no se identifico, a buscarme por la casa de mi madre donde estaba yo” dijo el testigo al comienzo del relato. Entre los hombres de civil que lo llevaron en ese momento al Puesto Vasco se encontraba Norberto “El Negro” Cozzani, (acusado del juicio, quien se encontraba en la sala) que según el testigo “era la voz cantante del grupo”.

Estuvo alrededor de un mes, allí también se encontraban su padre Juan Graiver, su cuñada Lidia Papaleo y otras personas que conocía porque trabajaban en la empresa (EGAS S.A), “era porque estaban en la agenda de la oficina que habían allanado y de ahí parece que tomaban nombres” agregó Isidoro refiriéndose a quienes estaban secuestrados. Además relató que tanto su madre como el periodista Jacobo Timerman también estuvieron detenidos allí pero no habían coincidido temporalmente.

Otra persona que también se encontraban detenido en el Puesto Vasco era el abogado de confianza de David Graiver, Jorge Rubinstein. Éste había tenido una operación de corazón por la cual tenía que tomar medicación, por ende se encontraba en una situación delicada, “en la celda me decía ´no aguanto más´”, recordó el testigo. En una ocasión, lo llevaron a lo que sería su última sesión de tortura “lo vinieron a buscar al calabozo, yo supongo que sería madrugada o noche tardía, y después de un cierto tiempo escuchamos unos pasos que venían

como llevando un cuerpo”, dijo Isidoro Graiver. En ese momento una de las personas que se encontraba con él en la celda dijo que había visto pasar el cuerpo de Rubenstein arrastrado por dos personas, “para mí fue algo que se les escapó de las manos, no sé qué sentido tendría matarlo deliberadamente”, dijo.

En el Puesto Vasco afirmó haber sido torturado, “sí, fui torturado, era una especie de rutina” manifestó Graiver. Entre otras personas que pudo reconocer se encontraban en el lugar el subcomisario Dario Rojas y Cozzani, éste era una de las personas que hacía las preguntas durante el tormento. Explicó también que en la sesiones de torturas lo interrogaban “por cosas que no podía contestar por mi ignorancia y que tenían que ver con cierto dinero que supuestamente una organización subversiva le daba a mi hermano”.

En este mismo centro clandestino y luego de ser torturado fue que tuvo lugar su “entrevista” con Ramón Camps: “Un día, creo que era con mi cuñada que nos retiraron de los calabozos que ocupábamos, nos llevan tabicados a otra pieza donde una persona nos dice que nos saquemos la venda de los ojos y se presenta como coronel Ramón Camps”, explicó el testigo. En esa pieza también se encontraba quien era funcionario del gobierno de la provincia, a cargo del interventor Jaime Smart (uno de los acusados), y que luego ocuparía un cargo como ministro de la nación; se trataba de Alberto Rodriguez Varela, quien no habló, puesto que el único que habló fue Camps.

Luego de su estadía en el Puesto Vasco lo trasladaron al Pozo de Banfield, luego pasó por la comisaría de Banfield y de allí a la alcaldía dela Policía Federal, en Moreno.

Durante el testimonio se pudo escuchar también que previo a su detención, Graiver se entrevistó con miembros de las Fuerzas Armadas, puesto que recibía amenazas y porque había familiares suyos desaparecidos; pidió ayuda a Francisco Manrique, quien fuera oficial naval, político y periodista. Éste consiguió acercarlo al comando en jefe del Ejercito donde pudo hablar con Roberto Viola: “pasamos directamente sin ningun tipo de control a tener una entrevista con Viola que en ese momento era el segundo de Videla”, dijo Isidro. Allí le habló de las amenazas que estaba teniendo y este dijo que se ponía a disposición de lo que se supiera.

Al seguir con la declaración en la sala agregó “yo creo tener claro como fue la situación, un conflicto dentro del poder, donde el sándwich éramos nosotros porque éramos muy atractivos desde el punto de vista económico”, dijo con respecto a la situación por la cual fue secuestrado.

–  Foto  –   El hombre robusto en la izquierda es Norberto Cozzani

Relatos trascendentales sobre la relación entre el poder civil y el militar

  En las primeras audiencias correspondientes al microcircuito de Puesto Vasco (localidad de Don Bosco, Quilmes) y Comando de Operaciones Tácticas N°1 de San Isidro, Lidia Papaleo y Rafel Ianover dieron importantes testimonios sobre las amenazas para la venta de acciones de Papel Prensa. Alberto Liberman y Juán Destéfano también relataron y señalaron a sus torturadores.

Alberto Salomon Liberman fue ministro de obras públicas desde enero del 74 hasta el 26 de marzo de 76. Meses después fue secuestrado por la fuerza de su casa, el día 14 de mayo de 1977 y llevado a lo que luego supo que fue el Comando de Operaciones Tácticas N°1 Martínez, “allí fui interrogado y torturado”. Eran más de 30 personas detenidas y Alberto recuerda a otro cautivo que compartió su circuito, el Dr. Miralles, también a “un muchacho que era levantador de apuestas”, tres hermanos de apellido Jacarino y el Dr. Cobich. “También escuchamos que estaba un periodista, el director del Cronista Comercial”, contó. La tortura allí era, básicamente, la picana eléctrica, “me preguntaban cosas relacionadas con la gestión, cosas que no tenían sentido”.

“La celda en la que estábamos nosotros tenia 4 por 4 como máximo, llegamos a ser 15, 16 personas, un techo de chapa con goteras…casi nos ahogamos, el 25 de mayo llovía por todos lados… condiciones precarias, un colchón y una manta para cinco”, describió.

A principios del mes de Junio fue trasladado a otro lugar, que era el Puesto Vasco, “ahí estaba Miguel Delsoro en una celda individual, se agregó Nazar, Boin, y desde antes que nosotros estaba Jacobo Timerman, y otros”. También conoció allí al cura Christian Von Wernich. Allí no fue torturado ni interrogado. De ahí fue llevado al Pozo de Arana por diez o quince días, donde les hicieron dos simulacros de fusilamiento. “Recuerdo que se escuchaban gritos, ruido de disparos, y olor a quema de neumáticos que el comentario era para disimular el olor a carne humana quemada que era muy peculiar”.

Luego nuevamente a Puesto Vasco, hasta octubre del 77, “me acuerdo la fecha porque decían que ese día se había incendiado el Teatro Argentino”. Su próximo centro clandestino fue la Comisaría de Monte Grande, donde perduró hasta Agosto del 78. “El día 23 nos dijeron que habían hecho una investigación, que éramos gente de bien, que nos iban a soltar”, los dejaron finalmente cerca de la estación de trenes de Burzaco.

Ante las preguntas del Tribunal y de las partes Liberman dijo que: “quien manejaba el Coti Martínez se hacía llamar Zaracho, quien manejaba la investigación, Trimarco”

“Estaba con Héctor Magnetto, y nunca me voy a olvidar sus amenazas de muerte”

Lidia Elba Papaleo de Graiver se sentó al estrado pasadas las once del mediodía y los flashes comenzaron a sonar reflejando que el testimonio que se escucharía no sería uno más. El presidente del Tribunal Carlos Rozansky hizo la introducción legal de siempre y realizó él mismo la primer pregunta a la mujer: si había estado detenida durante la última dictadura.

“Yo fui privada de mi libertad el 14 de Marzo de 1977”, comenzó Papaleo. Lo central de este testimonio, que también va a ser calificado como “Caso”, es su esposo David Graiver quien siendo un empresario argentino con más de 36 empresas en todo el mundo, murió tras la caída del avión en que viajaba el 6 de Agosto de 1976; “fue un accidente provocado, según pienso yo”, sentenció la mujer, y relató que, a raíz de quedarse viuda y con todo lo que ello llevaba, decidió a los 40 días volver a Argentina junto a su hija de 2 años.

“Recibimos todo tipo de sugerencias y amenazas, personales o en grupos, telefónicas o en persona, gente que trabajaba con mi marido, que me decían cómo tenía que actuar… yo ya sabía que tenía que vender todas las acciones”, dijo; y agregó que algunos empresarios le transmitieron una orden del gobierno de facto de que tenía que venderlas a personas argentinas que no sean judías.

Lidia era psicóloga y vivía en México junto a su pequeña bebé, mientras que el empresario vivía los días de semana en Nueva York y los fines de semana iba con su familia. El día que el avión cayó provocando su muerte, sus padres y su hermano estaban de visita en Acapulco, México. “Nos encontrábamos toda la familia”, explicó.

“El avión no sólo iba sobrevolado, a demasiada altura, sino que también tenía el altímetro roto, si los pilotos hubieran usado el altímetro manual, no hubiese habido accidente”.

Relató que, un mes antes, un amigo de Graiver llamado Gabriel Alarcón le dijo durante el almuerzo de un domingo familiar que debía vender Papel Prensa, porque le iba a costar la vida, “yo en ese momento todavía ni sabía lo que era Papel Prensa”, dijo y explico que ella no se metía en los negocios. Ya en Buenos Aires, Papaleo comenzó a reunirse en la oficina de Suipacha y Santa Fe para comenzar a ceder acciones, “la gente no me conocía como parte de la empresa, nunca había estado vinculada”.

Respecto a las amenazas recordó que le envió una carta al presidente Videla para entrevistarse con él y contarle, y agregó que incluso recibía amenazas sobre su pequeña hija; en ese momento Papaleo se tuvo que hacer un silencio y tomar un trago de agua para seguir relatando.

Sobre la cuestión de la empresa Papel Prensa, dijo que ella tuvo que interceder porque una parte del legado le había quedado a la beba, la cual ella tenía la Patria Potestad. Relató entonces que fue llevada a una reunión que se realizó por la noche en el diario La Nación, en Noviembre del 76.“Nosotros veníamos muy mal, muy asustados, sobre todo por el desconocimiento de vernos envueltos en una cosa de esa magnitud y además porque quien podía manejar ello con mejor capacidad era Jorge Rubinstein”. Rubinstein, mano derecha de Graiver, había tenido una operación “a corazón abierto”, y en ese momento estaba internado “con todos los huesos rotos, por un accidente también provocado, cuando venía en remis para La Plata”.  Además, al momento de esa reunión su hermano Osvaldo Papaleo ya estaba secuestrado en la “vieja cárcel de Devoto”.

“Llegamos. Era un lugar muy amplio, pero estábamos todos separados: los padres de David estaban en un lugar, Ianover (testaferro) en otro, yo estaba con Héctor Magnetto”, describió la extraña situación física del lugar y remató: “recuerdo sus amenazas de muerte, nunca me voy a olvidar de su mirada… ´vendan o pierde la vida usted y su hija´ me decía y me explicaba que no había opción que no se vendiera”, dijo Lidia para concentrar todo el silencio en la sala. “Sólo hablé con él ese día”.

Finalmente la firma fue hecha y el tramite culminado el 9 de Marzo del 77. Cinco días después Papaleo fue secuestrada y trasladada al “Puesto Vasco” en la localidad de Don Bosco, Quilmes; “me torturaron desde el primer día que llegué”, dijo para empezar a contar su cautiverio. Algunos días después fue llevado al lugar Jorge Rubinstein, “siempre escuchábamos cuando alguien iba a ser torturado, por sus gritos; cuando le tocó a él escuchamos el ruido de un cuerpo que se cae al piso y es arrastrado”, relató. Rubinstein había muerto en la tortura de Puesto Vasco. También había sido secuestrado y torturado, una semana antes que Papaleo, Juan Graiver, el padre del empresario.

Luego de un par de días en Puesto Vasco, Papaleo describió que “fui teniendo quemaduras en el abdomen, los genitales y los pechos por la tortura”; según relató, la sala para la picana era en una cocina, donde había un elástico, una ventana, un auto afuera, donde se conectaba a la batería…

Además contó que sólo tenía contacto con dos personas: un militar de apellido Rojas y con  Norberto Cozzani, uno de los acusados en este juicio, que estaba mirándola atentamente sentado a 2 metros detrás. También relató que cada tanto “venia un señor que era flaquito, rubio, con anteojos, que me tomaba una nueva declaración, llamaba a alguna de estas personas y les contaba, y sino coincida yo sabía que esa noche nuevamente había tortura”. El mismísimo Cozzani la torturaba, “él mantenía un rol de extrema violencia todo el tiempo”, describió.

Desde el 14 de Marzo hasta semana santa estuvo allí y luego fue  trasladada a un segundo lugar que quedaba por el Camino Negro. “Al primer día sacan a una mujer de la celda y la hacen parir en el pasillo, nunca pude recordar su nombre”. Así comenzó la estadía en su segundo centro de detención, junto a otras personas que estaban vinculadas con el “Caso Graiver”. De ahí fue a una Comisaría, de donde la pasan a buscar y la llevan a una reunión en La Plata.

“Aparezco en un semicírculo donde estaba Jacobo Timerman, todo torturado y vendado, un escribano que no estaba detenido de apellido Matheu”, y algunas otras personas, con las que la llevaron a un departamento donde Papaleo había dicho que estaban las acciones del diario La Opinión. “Era en la casa de la familia Sager, era de noche y de ahí salimos con las acciones”, relató, y agregó que después le destruyeron la casa a esa familia. “Estaba Cozzani ahí, me acuerdo porque tenía una habilidad, abrir las Coca Cola con una pistola”. En ese momento fue que se encontró con el Coronel Ramón Camps quien estaba muy agradecido por haberle señalado el lugar, y le concedió “lo que quiera”; Papaleo sólo pidió el documento de su hija, y poder ver a su hermano detenido.

Finalmente volvieron a la comisaría donde Lidia comenzó a recomponerse de las heridas y fue trasladada al Departamento de Policía de Buenos Aires, en la Capital Federal. “Después de un tiempo me permitieron que nos visiten la familia, nuestros abogados, mi hija”. Allí también estaba Timerman. En Junio la llevan a la cárcel de Devoto, hasta Diciembre que va a “una cárcel que ahora está cerrada y es un museo de memoria en San Telmo”, hasta el 5 de Junio donde es trasladada a la cárcel de Ezeiza un tiempo y vuelta a Devoto. Entre traslados y traslados salió en libertad el 24 de Junio de 1982.

Ante las preguntas de las partes Papaleo relató que mientras ella estaba detenida una fuerza militar había ido a su casa, que quedaba en un segundo piso y “pusieron dos camiones de culatas frente a la ventana, y se llevaron todo”. Finalmente un Coronel dejó a sus padres volver a vivir ahí.

En otro momento de la audiencia, ante una pregunta de la Fiscalía acerca de las consecuencia que le habían traído las torturas, Papaleo y Rozanzky decidieron dejarla para después, cuando se retire el público y la prensa, pero adelantó que por la tortura le había agarrado un tumor cerebral, y al irse a diagnosticar y operar a un Instituto le dijeron que se había dislocado los cuatro miembros, por lo menos cuatro veces cada uno, “a veces durante la tortura uno esta atado de pies y de manos pero la desesperación de dolor hace que uno se mueva desesperadamente”, explicó.
Una conspiración para quedarse con la información

Rafael Ianover es un hombre de tercera edad, habla de manera muy clara y tranquila, parece un hombre muy culto. Se maneja un poco encorvado con la ayuda de un bastón, y tiene una relativa sordera. Sentado en el estrado frente al presidente del Tribunal comenzó diciendo que él ya sabía que lo iban a secuestrar, “en esa época se comentaba en Buenos Aires lo que estaba sucediendo y muchos amigos me avisaban que me iba a secuestrar, y me recomendaban que me vaya del país”.

Antes de llegar al día de su secuestro es fundamental pensar en el punto de inflexión que significó la reunión del día 2 de Noviembre de 1976 en el edificio del Diario La Nación.

Habría que trasladarse algunos años más atrás en el tiempo para explicar la composición de la Empresa Fapel, cuyo dueño era David Graiver pero tenía como testaferro algunas acciones a nombre de Ianover, esta empresa era el principal accionista de la planta Papel Prensa.

“Mientras fui vicepresidente de Papel Prensa existió el proyecto de construir una segunda planta, después por problemas financieros hubo que desistir del proyecto”, comenzó muy tranquilamente a explicar este contador público octogenario. “El grupo privado  (Fapel) tenia 26% de acciones clase A, el Estado tenia el 25% de acciones clase B, entre los dos manejaban la empresa; después estaban las acciones clase C para que se suscribieran los diarios que quisieran, las acciones clase D eran para contratistas y las clase E para el público en general”.

Lo central de esta explicación es que, según relató Ianover, el Estado nunca abonaba los aportes que debía, a la par que el grupo privado, y los diarios tampoco se suscribían sus bonos clase C, por lo cual Fapel tuvo que pedir préstamos. “En el 76 la planta no estaba terminada, tenía un %80 de construcción”, aclaró.

La primer cesión de acciones de Papel Prensa fueron las que poseían Ianover como testaferro y el resto de la familia Graiver (sus padres y su hija de 3 años) como herencia tras la muerte del empresario, y fueron  dadas a la empresa Fapel. “Años mas tarde yo me di cuenta que la firma Fapel era un sello de goma por que estaba constituido con el mínimo de capital que era 12.000 pesos, no estaba en condiciones de pagar un paquete accionario como papel prensa”. Intentó explicar.

La cuestión es que para que los accionistas de Graiver cedieran sus acciones se debió ejercer en ellos una profunda presión. Como ya lo había relatado horas antes Lidia Papaleo, tras la muerte de David Graiver, y todas las amenazas que prosiguieron, su familia había decidido vender todas las acciones; tal era la voluntad de la familia, tal fue el compromiso que debió sostener Ianover como testaferro, sin ser dueño de ningún capital de esas acciones, “yo solo era el custodio de esas acciones, y sabía que la familia quería venderlas”.

Pero además, tras las sugestiones y amenazas recibidas, Ianover tuvo un intermediario para este traspaso; se trató de Patricio Peralta Ramos, un conocido del diario La Nación. “Él me dio su palabra de honor de que si yo firmaba el traspaso de las acciones, nada me iba a suceder a mí ni a mi familia”. Ianover estaba atemorizado. El respeto de la palabra fue traicionada.

La Reunión en el diario La Nación se realizó el 2 de Noviembre de 1976. “No puede ser que el comprador hiciera firmar por separado a los vendedores, lo cual demuestra que se hizo bajo presión”, relató tras describir que los vendedores no se encontraron entre sí.”Yo ni leí el convenio por lo atemorizado que estaba” Había allí una cláusula donde Papel Prensa podía transferir a cualquier empresa, después Ianover se enteró que Papel Prensa había cedido la titularidad de las acciones a Clarín, La Nación y La Razón.

“Fue una estrategia de los tres diarios para poder acceder a la empresa. Ya en varias oportunidades el Dr. Magneto dijo que quien produce papel para diario maneja la información. Por ello no podían permitir que un grupo privado judío manejara la información”, remató.

A pesar de la “palabra empeñada”, el 12 de abril un grupo de tareas secuestró a Ianover de su casa. “Me llevaron a una comisaría de Banfield o de Lomas de Zamora, me atan las manos y me tabican”. Al día siguiente lo llevaron a otro lugar, “no se si es Puesto Vasco o Banfield”, y allí lo interrogaron, le hicieron escuchar el sonido de un discurso de Firmenich.

Fue trasladado luego durante 16 meses al Departamento de Policía de Buenos Aires, donde estuvo con Timerman y donde, según relató, a veces comía con los propios policías, “teníamos una relación cordial”. En Agosto fue puesto a disposición de un Consejo de Guerra, pero a pesar de ser dictaminado en libertad, se encontraba a disposición del Poder Ejecutivo y así, tuvo que estar un año más.Finalmente salió en Agosto del 77 y tuvo un año más en libertad vigilada.

Señalan a Cozzani, Etchecolaz y Tarella como torturadores

Juan Destéfano, al final de la audiencia del martes 29 de Mayo, relató que fue detenido en la Capital Federal en Agosto del 76. Estuvo en el Primer cuerpo del Ejército y luego en la Unidad 9 de La Plata, donde “muchísimas veces fui sacado muy violentamente y trasladado al Puesto Vasco”. En la sala de torturas de este lugar habían puesto un cartel que decía “Sala de Operaciones”.

Luego fue a parar a Coti Martínez, donde fue torturado por primera vez por Norberto Cozzani, por Miguel Etchecolatz y por Amilcar Tarella, en reiteradas oportunidades.

“De ahí era llevado a la Unidad 9 para recuperarme, andaba con zapatos sin talones porque tenía los pies quemados por la tortura”. “Un día Echecolatz me trasladó de Unidad 9 sin venda y me dijo no culpes a nadie en la tortura el que tortura soy yo´”.

Después fue llevado al Pozo de Arana: “yo he leído mucho de campos de concentración, puesto Arana debe estar en uno de los lugares mas siniestros del mundo…ahí se ensañó conmigo Beto Cozzani, y también vi. a Etchecolaz y a Tarella”.

“Son estos señores torturadores, asesinos, pareciera que no hubiesen tenido familia, porque yo creo que es imposible volver a besar a un hijo después de torturar…no hay nada peor que un señor desnudo atado en una cama recibiendo tortura”

Guardó un capítulo aparte para mencionar al rol de los médicos: “Por respeto a los médicos, a este no hay que decirle mas medico, hay que decirle asesino. Yo estaba en puesto arana y el revisaba el corazón de unos detenidos para ver si se podía torturar, el dijo ´a este dale con todo que tiene una chapa´… es famosísimo, trabajaba en el hospital de Wilde…lo pude reconocer. Es Bergés”, disparó.
Recordó que en Puesto Vasco no fue torturado porque conocía al jefe a cargo, Darío Rojas, ya fallecido; allí estuvo con Timerman, con Osvaldo Papaleo, y muchos más del gabinete de la Provincia de Buenos Aires (él era Secretario de Gobierno). Con respecto al “infierno” de Arana, relató que el jefe de este lugar era Miguel Kearney. Finalmente, un día vino Ramón Camps y dijo ´se terminó, llévenlo a puesto vasco, llévenlo a la cárcel y no se tortura mas´.


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Últimas historias de represión en el microcircuito de La Plata

   El lunes 28 de Mayo, en una nueva audiencia del juicio al Circuito Camps, se confirmó la muerte del represor Alejandro Arias Duval. Además se relataron más secuestros, torturas, violaciones y niños apropiados; historias repletas de amor, tristeza y ansias de justicia. Comienza hoy a reconstruirse los hechos en Puesto Vazco y COTI Martinez. 

En el inicio de la audiencia del lunes 28 de Mayo del 2012, pasadas las doce y media del mediodía, el presidente del Tribunal Carlos Rozanzky dio lugar a las partes para brindar informes o pedidos. Allí desde el sector de los abogados defensores, se confirmó el deceso de Alejandro Agustín Arias Duval, uno de los 25 acusados.

Esta audiencia del lunes fue la última que relató el microcircuito que funcionaba en tres centros clandestinos de La Plata: Brigada de Investigaciones ( o “Robos y Hurtos), Pozo de Arana y Comisaría Quinta. A partir del martes comienza a reconstruirse las privaciones ilegítimas de la libertad y las torturas en el Puesto Vazco (Don Bosco, Quilmes) y del Comando de Operaciones Tácticas N° 1 (San Isidro). En ese sentido el martes declarará Lidia Papaleo de Graiver, por el caso llamado “Papel Prensa”.

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Testimonio de Emir Camiletti

La última vez que vió a su compañera fue dentro de una celda con su hija de un mes

Luego fue llamado al estrado el primer testimonio del día. Ricardo Victorino Molina contó que fue detenido el 14 de Abril del 77 en la Ciudad de La Plata y llevado al centro clandestino de detención conocido como “La Cacha”. “Estuve 60 días secuestrado”, resumió Molina para pasar a contar su cautiverio.

El hombre contó que previo a ser secuestrado trabajaba en Kaiser Aluminio “lo que ahora es Aluar”. Fue delegado de la fábrica y miembro de la Comisión Interna. Militaba en la agrupación “Felipe Vallese” que pertenecía a la Juventud Peronista.

Sin entrar todavía en detalle, adelantó directamente que de La Cacha fue trasladado a la Comisaría Octava de La Plata, donde fue puesto como “detenido legal”, es decir que comenzó a estar a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, por eso mismo fue llevado luego a la Comisaría Novena, donde llevaban a todos los detenidos en esta condición. “Luego estuve afuera con un año de libertad vigilada, hasta que tuve que exiliarme”.

Durante sus primeros días de cautiverio Molina fue llevado “de visita” a la dependencia de “Robos y Hurtos”, más conocido como la Brigada de investigaciones. “Sólo fui llevado a reconocer a mi hijita”, contó y explicó que durante esas semanas su esposa Liliana Galarza, que también estaba secuestrada, había tenido el parto en otra dependencia policial. La mujer había sido detenida el 20 de Noviembre del 76 en la intersección de las calles 44 y 30. “Liliana está desaparecida”, sentenció, para no dejar un mínimo de misterio en su historia poco feliz. “A quien lideró el operativo en el que me secuestraron lo llamaban ´El Francés´, y él me dijo que a mi compañera la habían asesinado”, recordó.

En dicha visita Molina pudo reencontrarse durante algunos minutos con su pareja. “Estuvimos durante un rato solos dentro de un calabozo con la puerta abierta, y afuera aguardaban algunos uniformados”, Liliana estaba con su hija, María Mercedes Molina de aproximadamente un mes y medio de vida.

Conversaron durante un rato, y Ricardo describió a su compañera: “Liliana estaba muy delgada, pálida y nerviosa, emocionada por habernos cruzado aunque sea durante un tiempito”, María Mercedes había nacido el 3 de Abril, “me dijo que tuvo muchas dificultades en el parto… a posteriori se supo que el parto fue en la cárcel de mujeres de Olmos”. Algunos meses después fue entregada a los abuelos. Muchos años después, en el 2006, durante el juicio al cura Von Wernich “se corroboró que (Liliana Galarza) fue asesinada”, relató Molina.  Tenía 24 años y estudiaba arquitectura.

Historia de una familia de católicos agrícolas

“Quisiera relatar la historia de toda mi familia” comenzó diciendo Jorge Manuel Sartor cuando la querella le preguntó sobre la represión de la dictadura. Relató que eran 10 hermanos y que todos participaban de “cuestiones sociales”. Algunos relacionados a la religión y otros que estaban junto a los movimientos campesinos, “mi padre era miembro de las cooperativas agrícolas y nos había educado con esa solidaridad”, relató. En 1976 comenzaron las persecuciones. Primero hubo un allanamiento  a fines del 76 en la casa de sus padres, en la localidad de Avellaneda, provincia de Santa Fe. Ya en Febrero del año siguiente fue detenido en Reconquista Eduardo Luis Sartor, uno de los hermanos. “Ahí tuve que irme de Goya, donde trabajaba en las Ligas Agrarias.

Quien peor sufrió las consecuencias de la represión fue uno de los hermanos mayores, Héctor José, de 30 años. Era un militante campesino y católico, que trabajaba de camionero, haciendo mudanzas por todo el país, “era guitarrero, organizaba a los chicos y al barrio, era alegre, comprometido con lo que decía”. Luego de verse perseguido en Córdoba, decidió marcharse a Buenos Aires a la casa de una de sus hermanas, pero allí fue secuestrado. “Nunca supimos qué pasó con él”, relataba Jorge con mucha tristeza, y concluyó con un dato: “hubo un testimonio que dijo que en Comisaría Quinta hubo un tal Sartor o Sartori, y él militaba por estos lugares, así que puede ser”.

Dos hermanas secuestradas y torturadas

Luego llegó el relato de Graciela Maffeo que contó cuando fue secuestrada junto a su hermana Analía; posteriormente fue Analía quien dio su propio testimonio sobre el cautiverio. El 6 de Junio del 77 Graciela tenía 19 años y vivía con sus padres en 45 entre 12 y 13; había elegido la misma carrera que su hermana mayor, la arquitectura, y además era bailarina clásica. “No había tenido ningún tipo de militancia política”, aclaró. Por otro lado, Analía tenía 24 años y era la mayor de las hermanas Maffeo, estaba entrando en la etapa final de la carrera de Arquitectura y trabajaba desde 1972 en el Ministerio de economía, durante los primeros años de ese trabajo había comenzado a realizar un trabajo sindical en el gremio “La Bancaria” y en la Juventud Peronista, pero para 1976 ya había abandonado la militancia “porque veía que la situación en el país estaba muy complicada, y tenía compañeros que habían sido asesinados por la Triple A y hasta por el C.N.U”.

Aquel día de otoño platense un grupo de tareas ingresó a la casa de la familia, “tenían armas grandes, y eran 4 o 5 personas, que me preguntaban por mi hermana”, comenzó a relatar Graciela. “Nunca evalué la posibilidad de no darles la dirección”, dijo para explicar la sorpresa del momento y la inocencia de una joven que no estaba involucrada en lo que estaba sucediendo en el país.  Allí dos de las personas se quedaron con ella y el resto fue hasta el departamento de su hermana en 46 entre 8 y 9. Analía cuenta entonces que estaba en su morada y de pronto ingresó “un hombre de pelo canoso, petiso y mediano de gordura”, la detuvieron y en un auto la llevaron a la puerta de la casa de sus padres. Dijo que tenía mucho miedo, pero “ahí se me agregó la culpa, porque vi a mi hermana, que no tenía nada que ver en todo esto”. En su momento, la más joven Maffeo relató que vio la cara que puso Analía al verla: “tenía cara de ´y por qué a vos´”.

Las hermanas fueron tabicadas y llevadas a la Brigada de Investigaciones. Estuvieron algunas horas ahí y fueron trasladadas a “un lugar donde no se escucha ruido de ciudad, pero sí cada tanto un tren, y escuchaba los gritos de la gente torturada”, dijo Graciela, hasta que se dio cuenta que los gritos que escuchaba eran de su hermana que estaba siendo ya torturada: “estuvieron como dos horas, yo escuchaba cómo la ahogaban, escuché todo, y después entraron a mi celda y me dijeron ´ahora te toca a vos´”.

Recién llegada a Arana, Analía (la hermana que había participado del gremio) fue llevada a la sala donde la desnudaron, la acostaron en el elástico de la cama y le aplicaron la picana eléctrica, “me preguntaban por ´el portugués´, mi ex novio, pero yo les decía que él se había ido del país”, contó Analía, y detalló que: “llegué a estar al borde de la muerte, no solo por la picana eléctrica, me ponían una almohada en la cabeza y me la sacaban cuando ya me estaba asfixiando”. También le quemaron el pie izquierdo con cigarrillos. Tiempo después la llevarían nuevamente a la sala, pero la tortura no iba a ser tan cruel como esta.

Por otro lado, cuando Graciela, la bailarina, fue llevada por primera vez a Arana, contó que le ataron un solo brazo a la cama elástica, “se me subían y me pisaban con los borceguíes en la panza… yo contesté todo lo que me preguntaron, pero parece que mi hermana les había dicho lo necesario porque me dejaron”.  Aquí Graciela comenzó a hacer pausas en su relato ante el Tribunal, las partes y el público; tomó agua, pensó y siguió: “con mis 19 años, estar desnuda, rodeada de hombres, y todo eso, no fue fácil”.

Después, encerrada en un calabozo de Arana, los victimarios abrían la puerta con un fuerte golpe cada media hora y allí estaba ella: “vendada, con las manos atadas y muerta de frío”. A veces ingresaban y “había manos que se iban, que tocaban más de lo que correspondía”. Al día siguiente la trasladaron nuevamente a BILP, y a dos cuadras de su casa, la liberaron. “Mis padres al escucharme llegar salieron pensando que nos habían liberado a las dos”, contó y agregó que por consejo de su padre, “no le conté a mamá que nos habían torturado”. Para finalizar su relato, Graciela, la más joven, quien nunca militó, concluyó contando cómo siguió su vida: “Durante muchos años no podía estar a oscuras, además tenía ataques de pánico”, también abandonó la carrera, “no volví más”, dijo.

Por su parte, luego de ser ferozmente torturada en Arana, Amalia fue trasladada nuevamente a BILP por algunos días, y luego a la Comisaría Quinta. Allí relató que estuvo con Blanca Rossini, con Georgina Martinez y con Lidia Fernández. Un día un hombre les dijo que se saquen la venda, y luego de que se negaran, finalmente lo hicieron y quien había ido a hablarles era el cura Christian Von Wernich, quien ante la pregunta de una de ellas de si las iban a matar, dijo: ´quién sabe? Hoy estamos, mañana no´.

Durante otro día de cautiverio en dicha Comisaría, dejaron pasar a dos detenidos que pudieron hablar con ellas y pasarles direcciones adonde ir a avisar a sus familias, si eran liberadas; se trataba de los militantes del PCML  Horacio De la Cuadra y Héctor Baratti. “Otra vez los traen pero “El Tío” (uno de los victimarios calificado como “el bueno”) se queda en el calabozo, pero ellos estaban vendados y nosotros no, así que nos hablaban de todo y nosotras no le contestábamos”, relató Amalia para graficar otra de las metodologías de la represión, “luego los sacaron y los reventaron, se escuchaban los quejidos”.

Finalmente fue trasladada de nuevo a la BILP y liberada luego de 34 días de cautiverio. Al ser preguntada por la “actitud de la dirigencia sindical de ´La Bancaria´ respecto a su detención”, dijo: “nada, no pasó nada”. Y relató que encontró posteriormente un documento del Banco Provincia que “pedía información si en la casa (de las hermanas) había actitudes subversivas”, esto, según Analía, “refleja la complicidad cívico militar”.

Una médica relató los constantes traslados, las torturas y una violación

Georgina Martínez se sentó en el estrado de frente al Tribunal, y luego de acomodar el micrófono comenzó a relatar que antes de que su vida cambie “yo era estudiante del sexto año de medicina y tenía 24 años…militaba en el Partido Comunista Revolucionario y participaba del Centro de Estudiantes de la Facultad”.

Las persecuciones familiares comenzaron el 27 de Junio del 77 cuando su hermano y la esposa fueron detenidos y secuestrados en Tandil. Una semana después, en La Plata, fue “chupado” su cuñado, Jorge Luis Andreani, quien estaba en la puerta del Policlínico, a minutos de rendir su último examen y recibirse de médico.

Fue dos días después, el 7 de Julio, alrededor de las cuatro de la mañana: “yo sabía que algo iba a pasar, y decidí quedarme en mi casa”, explicó. “De pronto escuché los autos, el cierre de sus puertas de manera muy violenta, entraron a mi casa donde estaban mis padres y mi hermano Gabriel, y subieron al primer piso donde estaba yo”. Personal de civil y de fajina la agarraron y, tras el fundamento de “averiguación de antecedentes” la llevaron en un auto a la Brigada de Investigaciones (o también conocido como “Robos y Hurtos”).

En ese lugar pasó la noche y al día siguiente fue trasladada a Arana, “me metieron en una celda muy chiquita de 2 x 3 metros, con una cama de cemento sin colchón y una ventana chica; en ese lugar no había ruidos de ciudad, pero cada tanto se escuchaba el tren, y todas las noches los gritos de los torturados”, detalló Georgina de todo lo que captaron sus sentidos. Pasó alrededor de dos días en “El campito”. Una de esas noches fue desnudada, atada en el elástico y maniatada, sufrió la tortura de la picana eléctrica: “yo solamente nombraba a mis compañeros que ya estaban detenidos: Andreani, Rodolfo Malbrán… estuvieron un rato largo”.

Fue trasladada luego nuevamente hacia BILP durante algunas horas, “luego nos subieron a todos a un celular y vi que pasamos la rotonda de Florencio Varela, y llegamos a un edificio grande, con escaleras metálicas que hacían mucho ruido”, recordó sobre lo que luego creyó que era el Pozo de Quilmes. Estuvo sólo durante una noche y luego fue llevada a la Comisaría Quinta de La Plata.

“Todas las noches, en la Quinta,  nos hacían desnudar, nos ponían contra la pared, nos pasaban armas por la vagina, las piernas, elegían una…hoy me acuerdo que, un día, eligieron a una, se la llevaron y la violaron”, relató y superó el momento más tenso de su relato. Estuvo alrededor de 20 días en ese destacamento policial aún vigente, hasta que el 8 de agosto fue llevada durante algunas horas nuevamente a BILP y de allí liberada.

 La historia de Rubén Fossati e Inés Ortega

Emir Camiletti fue llamado al estrado y preguntado acerca de qué relación tenía con la pareja de desaparecidos Rubén Fossati e Inés Ortega. “A Inés la conozco de niña, tenía tres años menos que yo y era la nieta del bicicletero de mi barrio, en Plaza Castelli”, comenzó ordenadamente Emir. En cambio a Rubén lo conoció años después, “compartimos hermosos momentos en el bachillerato”, relató y explicó que ambos iban a distintos cursos del Colegio Nacional, y mientras uno practicaba rugby en Los Tilos, el otro lo hacía en La Plata.

Algunos años después ambos amigos comenzaron a militar políticamente. Emir lo hizo en la JP,  “en unidades básicas en la zona detrás del cementerio, barrio de Los Hornos”, y Fossati en la Unión de Estudiantes Secundarios.

En el año 75 Fossati debió ingresar al Servicio Militar. Ya en Abril de ese año un operativo de más de 200 efectivos intentó secuestrar a Camiletti en su casa, pero este no estaba allí.  “Allanaron varias casas de la cuadra, y detuvieron a algunos vecinos; mi padre tenía una ferretería de barrio y metieron una camioneta allí y se llevaron todo”, relató, para luego explicar que en ese momento decidió pasar a la clandestinidad. Por su parte, Rubén Fossati se enteró de que también lo estaban buscando y “decidió desertar e irse de la ciudad”.

Algunos años antes, Susana Ortega, hermana gemela de Inés, comenzó una relación con Camiletti: “fuimos novios, y luego ella fue la madre de mis dos hijos”, resumió y agregó el detalle, “nosotros hicimos conocer a Inés y Rubén”… sonrió.

Meses después ambas parejas habían dejado de verse por la intensa persecución represiva, mientras Fossati e Inés vivían en Quilmes, Camiletti y Susana estaban radicando “para el lado de Temperley”.

“Un hecho que todavía no acabo de comprender…”comenzó luego de una pausa, para marcar el antes y el después de lo que sucedió aquel día. “Venía en un autobús desde Capital y de pronto subió Inés, venía hermosa, con una barriga de 7 meses”, se abrazaron y charlaron durante diez minutos, Camiletti le reprochó que se estaban exponiendo demasiado.

Minutos después del encuentro Emir fue hacia Quilmes Oeste a una “cita de control” (reuniones que se realizaban entre compañeros para analizar la situación represiva); “estábamos en un bar comiendo pizza, frente a una ventana que daba a una avenida; de pronto una compañera dice ´¡Ahí vienen Inés y Rubén!´ y de pronto estos comenzaron a correr”, relató Camiletti cual película de superacción. “A Inés la traían agarrada de la cabeza, dos criminales de civil; mientras que Rubén pasó corriendo y lo vimos por la otra ventana de enfrente… de pronto él se paró… estoy seguro que se paró porque Inés ya no venía detrás de él”, dijo ya con una voz apagada. Finalmente a Fossati lo capturaron, los pusieron a ambos en un auto y se los llevaron. Inés tenía 17 años, al igual que Susana; Rubén (Y Emir) tenían 20.

“Esa fue una de las noches más duras”, comenzó así a relatar el después de la peor secuencia de su vida. Su esposa Susana, hermana de Inés, no tardó 24 horas en caer en una profunda depresión, “habían tenido una infancia complicada y cada una de ellas era el punto de apoyo de la otra”, explicó. “Una depresión que marcó su vida, la de mis dos hijos y, obviamente, la mía… nunca más volví a ver a Susana cómo la veía en mis años de noviazgo”.

Al año siguiente nació su primer hija y decidieron ir a vivir al exilio, “la situación no mejoró, sustancialmente; la dificultad de vivir clandestino, de ser autosuficiente, lidiar con todos los intentos de suicidio de Susana, cuidar de la bebé…”.

Algunos testimonios que llegaron a la casa de sus padres contaron que Inés y Rubén estaban detenidos en la Comisaría Quinta, que Inés había tenido a un hijo varón, “que lo tuvo sólo un rato y se lo quitaron y no se lo devolvieron más”.

La desaparición de Rubén Fossati también marcó a su familia, “su padre murió ahímismo, a su mamá le agarró un ACV, y su hermana cayó en una depresión profunda”, reconstruyó Camiletti.

Hoy, a los 56 años, la vida de Emir continúa y tuvo noticias que han logrado aplacar un poco la tristeza. “28 años después del secuestro de ellos tuve una inmensa noticia, viviendo en Venezuela apareció un nieto, hijo de ellos”, relató para contar sobre Leonardo Fossatti Ortega.

“Hoy tengo una inmensa alegría de tenerlo en la familia, para mí es estar con Rubén porque es idéntico, y es como que hablo con Inés, porque tiene su misma parsimonia, su tranquilidad; además disfruto de él como individuo único e irrepetible”, intentó Emir explicar la sensación.

Finalmente dejó una reflexión y una propuesta: “creo que los centros clandestinos de detención deben ser lugares de memoria; que la comisaría quinta deje de ser un lugar que represente la seguridad del estado, y que sea un centro de memoria, porque allí se torturó gente, se robaron niños”, concluyó.

Circuito Camps: murió Arias Duval quien estaba siendo acusado por torturas y apropiación de bebés

El Coronel retirado Alejandro Agustín Arias Duval murió el pasado 25 de Mayo en la Ciudad de Buenos Aires. Duval estaba siendo procesado en el juicio al Circuito Camps en La Plata, acusado de más de 100 casos de privación ilegal de la libertad, torturas y apropiación de niños.

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Alejandro Arias Duval, de 80 años, era uno de los represores que durante los últimos años continuaba generando discordias, ya que, según denuncian desde organismos de derechos humanos, fue “padre ideológico y operativo de toda una generación de oficiales jefes que rodeaban al “Fino” Palacios en la Policía Metropolitana”.

Su actuación durante la dictadura fue preponderante en el Destacamento de Inteligencia 101, dependiente del Regimiento 7, ubicado en 19 entre 50 y 54 de La Plata y que era la jefatura de la denominada Area Operacional 113 del Cuerpo I de Ejército.

Según el Tribunal Federal Criminal N° 1 que lleva a cabo el juicio a 25 represores, el Destacamento de Inteligencia 101 “prestó un apoyo imprescindible en la implementación y desarrollo de la represión clandestina” (…)”Los titulares de las dependencias militares de inteligencia -tal el caso del imputado Arias Duval- no sólo estaban al tanto del plan de represión ilegal que se cernía sobre esta región y el resto del país, sino que el área que dirigían era un eje fundamental en la estructura criminal organizada” (…) “El Destacamento 101 contribuyó sin dudas a aumentar la capacidad ofensiva del aparato organizado de poder en el que se hallaba inserto y del cual constituyó un eslabón indispensable”.

Por otro lado, desde la página web de otra organización política se relata que Arias Duval fue “un represor trágicamente eficiente que durante la dictadura intervino “Coordinación Federal” y usó los archivos de la fuerza para perpetrar la cacería de militantes revolucionarios y combatientes armados desde 1976”.

Comenzó su carrera en el Destacamento de Inteligencia 101, con jurisdicción en La Plata, y también paseó sus métodos por Entre Ríos, Misiones y Corrientes.Luego cumplió tareas en la Comisaría Quinta de La Plata. Arias Duval está acusado de la sustracción de José Sabino Abdala, de 2 años y 8 meses, y de María Eugenia Gatica Caracoche, de 13 meses, ambos restituídos posteriormente a sus familias; y de Ana Libertad Baratti de la Cuadra y Leonardo Fossatti Ortega, estos últimos nacidos en la comisaría quinta.

De los 26 represores que se comenzaron a juzgar en Septiembre en el marco del juicio al Circuito Camps, en la Ciudad de La Plata, con Arias Duval ya son 2 los genocidas que mueren en libertad durante el proceso acusatorio, ya que en Febrero murió el ex comisario Rubén Paez.

Arias Duval había sido detenido en noviembre del 2006 y puesto bajo arresto domiciliario en su casa de la localidad de Del Viso, Pilar.